Análisis semanal 162: ¿Por qué insistir en América Latina?: Razones geopolíticas de China para acercarse a la región (20 de septiembre de 2017)

Año: 
2017
Autor(es): 

 

El rápido desarrollo económico de China ha venido acompañado de una política exterior modernizada. Tomando como base el éxito diplomático de Beijing en Asia desde la década de 1990, cuando la estrategia de “salir al exterior” fue oficialmente implementada, el expresidente Hu Jintao (2003-2013) ideó e inició la ejecución de una política de diplomacia regional, con el objetivo de expandir lazos diplomáticos y sobre todo comerciales más allá del continente asiático, incluyendo entre otras regiones a América Latina. Más allá de la relación comercial con varios países de la región para garantizar su acceso a recursos naturales y fuentes energéticas, China se ha convertido en una alternativa a Estados Unidos, tanto en el ámbito político como en el económico, y se nota evidentemente activo en la materialización de distintas iniciativas económicas y diplomáticas que han fortalecido sus lazos con la región.

Muchas de estas iniciativas han sido introducidas por medio de una variación particular del poder blando –o soft power- (1) por parte de China, el cual es proyectado desde un nivel gubernamental y no desde la sociedad civil, como sucede en Occidente (2). Este ejercicio del poder es importante para explicar la manera en la que el gigante asiático se ha acercado y ha establecido relaciones diplomáticas en Latinoamérica y el Caribe, así como para identificar sus objetivos reales en una región particularmente heterogénea. El constante involucramiento de China en la región incluso con países sin materias primas que contribuyan a su crecimiento económico, conlleva a analizar este especial interés desde un punto de vista geopolíticamente estratégico, más allá de las oportunidades en materia comercial que un país como China pueda ofrecer. 

El pasado 12 de junio, Panamá se convirtió en el último país latinoamericano en establecer relaciones diplomáticas con la República Popular de China, aislando aún más a Taiwán del escenario internacional, considerando que Panamá “encabezaba la lista” de sus aliados diplomáticos más importantes (3). Antes de Panamá, el último país de América Latina en romper relaciones con Taipéi había sido Costa Rica en 2007, nación que se convirtió en el punto de entrada de China en la región centroamericana, históricamente aliada con Taiwán. Después de más de 60 años de relaciones con Taipéi, este acontecimiento representó un momento crucial para la política exterior de Costa Rica, así como para el resto del istmo, en donde hasta ese momento los demás países mantenían vínculos diplomáticos con Taiwán. Académicos, analistas políticos y la opinión pública en general vaticinaban un “efecto dominó” en los demás países de la región en el corto plazo; sin embargo, a pesar de que las relaciones comerciales de estos países con China mostraron un aumento considerable desde entonces, no fue sino hasta diez años después que otro país decidió aceptar la política de “Una Sola China” y, por ende, romper relaciones diplomáticas con Taiwán, dejándolo con un aliado menos.

El reconocimiento panameño de la República Popular de China revive los comentarios sobre un “efecto dominó”, con mayores probabilidades de ocurrir ahora que hace diez años (4). El actual posicionamiento de China a nivel global le ha facilitado un amplio desarrollo de sus capacidades a nivel político, económico y diplomático, al punto de disminuir significativamente la participación de Taiwán en el sistema internacional. Sin lugar a dudas, China puede ofrecer una enorme cantidad de incentivos económicos que confirman la conveniencia de tenerlo como socio diplomático. Además de los intercambios comerciales, la presencia de China se ha notado en sus inversiones a lo largo de la región, fundamentalmente en proyectos relacionados a energía e infraestructura (5). Volviendo al caso de Panamá, resulta interesante mencionar que el cambio diplomático en cuestión ocurrió una semana después de que Beijing iniciara la construcción de un puerto de contenedores con instalaciones de gas natural, en la provincia de Colón, ubicada al norte de Panamá (6). Claramente China, a partir de estos mecanismos económicos, ha encontrado en Latinoamérica tierra fértil para sus intereses nacionales, y ha sabido aprovecharse de ello.

El objetivo principal de China en el actual orden internacional –por ahora- es garantizar su desarrollo pacífico como potencia mundial sin tener que apelar a una alternativa que sea percibida como una amenaza, y que por ende suscite un conflicto internacional. Por razones geográficas obvias, de ninguna forma Latinoamérica representa un peligro directo para China. Tampoco el comercio bilateral con la región constituye una de sus prioridades más importantes: en realidad representa un porcentaje bajo en comparación con otras regiones y países, siendo de gran relevancia destacar que muchos de los productos de exportación que los países latinoamericanos ofrecen a China se pueden obtener en otros lugares o inclusive allí mismo (7).

Estas circunstancias son raramente cuestionadas tanto por los líderes latinoamericanos como por los mismos ciudadanos, debido a los generosos beneficios de carácter económico recibidos por parte del gobierno chino. Estos beneficios –llámense donaciones, cooperación internacional, inversión o comercio- hacen que el interés de China en la región sea percibido como un elemento que favorece a la economía de los distintos países que deciden establecer relaciones diplomáticas y hacer negocios con este importante actor internacional. Después de todo, este amplio “altruismo” e interés de China en América Latina yace en la política de “Una Sola China”, siendo completamente comprensible desde una lógica realista.

Taiwán actualmente mantiene lazos diplomáticos con 19 países y el Vaticano. De esos 19 países, 11 están ubicados en Latinoamérica y el Caribe. Específicamente, cinco son de Centroamérica (Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y Nicaragua); cinco son países caribeños (República Dominicana, Haití, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, y San Vicente y las Granadinas); y finalmente, Paraguay es el único Estado suramericano que reconoce oficialmente a Taiwán. Latinoamérica y el Caribe, sin duda alguna, constituye la más importante fortaleza de Taipéi, y hasta que esta situación no sea revertida, China no detendrá su intensa aproximación e involucramiento en la región.

América Latina y el Caribe, como un todo, conforma un bloque estratégico de votos de 33 Estados, cuyo consenso en organizaciones y conferencias internacionales definitivamente atrae a China, principalmente en dos circunstancias(8): en primer lugar, cuando sus reclamos de soberanía sobre Taiwán son cuestionados a nivel internacional; y en segunda instancia, cuando surge la posibilidad de redefinir el orden internacional en diversas áreas, lo cual le interesa a la región al ser un tema que busca salvaguardar los intereses y derechos de países en vías de desarrollo, grupo al que aún pertenece China.

Cada país tendrá sus propios motivos –más que todo económicos- para establecer y mantener relaciones con la potencia mundial en la que se ha convertido China. Es necesario tomar en cuenta que la región latinoamericana ha sido políticamente ignorada por países desarrollados. Además, el hecho de que China no imponga su ideología política en las diferentes regiones y países a los que se ha acercado, evitando caer en prácticas del colonialismo occidental, ha impulsado al gigante asiático a conseguir su ascenso pacífico con un amplio apoyo transnacional. Beijing brinda una gran importancia a las relaciones bilaterales, entendiendo las necesidades particulares de cada país, pero también sabe que el reconocimiento que puede recibir como potencia mundial en los distintos foros multilaterales es crucial en su estrategia de “Going Global”, principalmente cuando regiones geopolíticamente importantes están involucradas, independientemente de su nivel de desarrollo, como es el caso de América Latina.

Desde que China empezó a tener un mayor involucramiento en la región a finales de la década de 1990 y a principios de la primera década del siglo 21, la mayoría de los países latinoamericanos se han mostrado anuentes a cooperar con los objetivos de la política exterior china. América Latina ha favorecido su desarrollo al tener relaciones de diversa índole con China, contribuyendo a que los países de la región aumenten su proyección internacional en el ámbito político y económico, sin entrar en los detalles de las intenciones reales de China. Los lazos diplomáticos establecidos estratégica y asertivamente por China en países y regiones en desarrollo representan un hito importante tanto para China y América Latina, como para el escenario político internacional. Estos vínculos podrían resultar eventualmente en un nuevo balance que tenga implicaciones significativas en el orden mundial y la economía global, afectando particularmente la estructura de poder existente que todavía se considera unipolar y, por lo tanto, los intereses y la hegemonía de Estados Unidos.

En conclusión, la inminente ruptura de otros países latinoamericanos y caribeños con Taipéi y su consecuente acercamiento a Beijing reduciría el ya débil apoyo internacional a Taiwán, aumentando el reconocimiento internacional de China como una potencia mundial. La asertividad del gobierno chino en materia geopolítica le ha otorgado su posición actual en el escenario internacional, con la posibilidad de instaurar su propia agenda, e influenciar el sistema internacional de acuerdo a sus intereses nacionales.

La inmersión de China en varios países latinoamericanos, siendo Panamá el último, se puede entender mejor desde una perspectiva realista, ya que ésta muestra la manera en la que China, desde la implementación de su estrategia de “salir al exterior”, ha avanzado en distintos países y regiones para expandir su influencia política y liderazgo en la economía política internacional, causando una evidente disrupción en el equilibrio de poder.

Notas

(1) El poder blando recae en la habilidad de moldear las preferencias de otros. Es la capacidad de obtener lo que se quiere por atracción, en lugar de coerción o pagos. Surge del atractivo de la cultura, los ideales políticos y las políticas de un país (Ver Nye, Joseph, Soft Power: The Means to Success in World Politics (New York: Public Affairs, 2004). p. 5).

(2) De acuerdo con Joseph Nye, China “ha fallado miserablemente” cometiendo el error de pensar que el gobierno es el instrumento principal de soft power. Sin embargo, la iniciativa de China basada en propaganda del gobierno ha sido efectiva en América Latina. (Ver Nye, Joseph, “What China and Russia Don’t Get About Soft Power,” Foreign Policy. Abril 29, 2013, http://foreignpolicy.com/2013/04/29/what-china-and-russia-dont-get-about-soft-power/).

(3) https://www.nytimes.com/es/2017/06/15/panama-taiwan-centroamerica-china/

(4) AFP, “Divorcio de Panamá y Taiwán: ¿tendrá un efecto dominó?”, El Tiempo. Junio 13, 2017. http://www.eltiempo.com/mundo/asia/rompimiento-de-relaciones-entre-panama-y-taiwan-98570

(5) Gallagher, Kevin P., The China Triangle: Latin America’s China Boom and the Fate of the Washington Consensus (New York: Oxford University Press, 2016). p. 49.

(6) AFP, “Divorcio de Panamá y Taiwán: ¿tendrá un efecto dominó?”, El Tiempo. Junio 13, 2017. http://www.eltiempo.com/mundo/asia/rompimiento-de-relaciones-entre-panama-y-taiwan-98570

(7) Locatelli, Niccolo, China in Latin America: Political and Economic Implications of Beijing’s Involvement in the Region (Florida: Dissertation, 2011). p. 104.

(8) Ibid, p. 110.