Análisis semanal 109: Comercio estratégico de Estados Unidos. Algunos cambios en la estructura del comercio internacional (08 de febrero de 2017)

Año: 
2017
Autor(es): 

 

La economía de EUA se ha caracterizado por ser una sumamente proteccionista, que "administra" el comercio a su favor; no obstante suele cargar con el estandarte del "libre comercio" a nivel internacional. Esto, a través de la historia ha generado una contradicción evidente entre: los "principios liberales" que la potencia hegemónica dice defender, y las políticas proteccionistas que aplica realmente a lo interno, y para con sus competidores para responder a grupos de presión. 

Ahora con un Donald Trump que parece apelar a un esquema proteccionista -similar al que apelaba Bill Clinton, pero recubierto de un discurso anti-minorías- esa contradicción parece diluirse –por lo menos a nivel discursivo-, y sería entonces EUA quien dé luz verde para el inicio de una nueva época de nacionalismos, coadyuvando a una rearticulación del discurso de los grupos conservadores; pues los que antes defendían el libre comercio ahora pasan a defender el proteccionismo.

En las últimas tres décadas EUA ha intentado resolver esta contradicción por la vía del establecimiento de tratados bilaterales, subregionales y plurilaterales-sectoriales[1]. Este tipo de mecanismos dejan de lado el principio básico del GATT de “Nación Más Favorecida”[2] y apelan por una lógica de reciprocidad. Ello quiere decir que, para la potencia, bajo este esquema es más productivo que las demás naciones hagan cambios en sus legislaciones para abrir el comercio que ofrecerles las mismas condiciones a todos. Esta apertura multilateral de los mercados genera una estructura en la que si bien EUA obtiene ganancias, ofrece ciertas ventajas comparativas a los competidores.

No obstante, ahora el discurso parece articularse de forma distinta. La retórica de “América Primero” parece no admitir ceder ventajas, por el contrario, apela por que el Estado gestione la economía como si se tratase de una empresa, potenciando artificialmente la competitividad en relación con los demás actores internacionales. Está lógica es similar a lo que Krugman describe como comercio estratégico[3]. Podemos observar entonces como “el presidente de EE.UU. Donald Trump quiere imponerle un impuesto de 20% a las importaciones desde México para pagar el muro fronterizo”[4], alegando que lo que se busca es incentivar la producción nacional, e inclusive la reciente noticia de la salida de EUA del Transpacific Partnership (TPP), un acuerdo interregional que serviría de panacea para posicionar a la nación norteamericana como figura principal en el comercio con el área Asia-Pacifico en contraposición a los intereses de China[5].

Señala Francis Fukuyama, uno de los principales apologistas del fin de la historia[6] que: “parece que estamos entrando en una nueva era de nacionalismo populista, en la que el dominante orden liberal construido desde 1950, está siendo atacado por mayorías democráticas enfadadas y vigorosas.[7]” Es decir, incluso aquellos defensores de la estabilidad de la estructura del orden liberal están cuestionando su continuidad.

TTIP y TPP no son solamente tratados comerciales, sino también estructuras hegemónicas de comercio que en caso de obtener una existencia concreta determinarían el rumbo de la gobernanza global. Así lo señala Sberro en su artículo para la revista CIDOB de Asuntos Internacionales titulado: La negociación del TTIP: del interregionalismo a la gobernanza global; al indicar que de aprobarse estos tratados –lo que parecía probable antes de la llegada del nuevo gobierno- el centro de las relaciones [comerciales internacionales] pasaría a ser entre grandes regiones del mundo y no solamente entre países.[8]. Empero, si la lógica dominante se ve modificada, también la estructura en la que se encuentra, y por tanto esto puede conllevar a una rearticulación de la gobernanza global. 

Lo anterior es posible de inferir si nos preguntamos: ¿quién es el principal beneficiado de que EUA dé un giro en su paradigma de comercio? El contraste empírico para orientar la respuesta de esa pregunta puede yacer en los recientes acercamientos que ha tenido China a México, al ofrecerse como aliado comercial ante la eventual falta de TPP y TLCAN[9]; adicionalmente, la Ruta de Seda busca posicionar a China como referente dentro del comercio internacional, y ahora sin un acuerdo interregional con la Unión Europea de la magnitud del Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP), China tiene las puertas abiertas para esto. 

En este contexto China también busca, mediante la ayuda estatal, alcanzar ventajas absolutas; es decir ventajas en todos los sectores[10], no obstante, ello acompañado de una lógica “ganar-ganar”, que permite al competidor obtener ventajas. Todo esto implica que China puede dar un paso adelante en el contexto geopolítico internacional de la mano de un reposicionamiento en el comercio internacional. Esto es posible de validar cuando se observa que la UE busca nuevos socios en Asia y América Latina para sortear el proteccionismo de Trump[11]. Dentro de una lógica que privilegia el entorno total se puede afirmar que esto se debe a las mismas reglas que ha determinado la estructura hegemónica de producción vigente hasta la actualidad, es decir, el capitalismo como modelo de producción y el liberalismo como esquema de comercio. 

Estas mismas estructuras y las dinámicas que los componen conllevarían a EUA a un proceso de desviación de comercio[12], el cual ha sido el mismo utilizado por ellos para coaccionar indirectamente a las naciones a aprobar tratados multilaterales como el TLCAN. Ello no implica una desarticulación del modelo de producción capitalista, pues éste como estructura se reorganiza para seguir produciendo valores de cambio de forma constante, lo que significa por otra parte es una re-articulación del liberalismo como esquema de cambio de mercancías, pues en países de Europa podemos ver como la misma lógica proteccionista y nacionalista se expande con eventos como el “Brexit” en Reino Unido, y sus posibles variables similares que parecen madurar en países como Holanda y Grecia. Esto permite afirmar que el orden económico actual se desarticula y las economías emergentes parecerían ser las más beneficiadas.  

Desde una lógica gramsciana podríamos afirmar que el liberalismo está siendo empapado de un nuevo sentido común compartido, un nuevo consenso hegemónico que dicta las reglas en la cual se efectúan los marcos de acción política. La paradoja, o por lo menos parte de ella radica en que la idea de un Estado Fuerte, intervencionista, que gestiona la economía generalmente ha sido una idea clave de los grupos de izquierda, y en esta ocasión la idea parece ser tomada por los conservadores solo que en un contexto y con finalidades distintas. En este caso no es una preocupación por la reivindicación de las luchas obreras, sino un afán de exclusión a base de una retórica de odio hacia los inmigrantes; no tiene como finalidad la redistribución equitativa del excedente sino la concentración del capital de una forma distinta. Lo anterior permite validar que el comercio internacional como sistema y en general el modelo de producción capitalista son adaptables, aun dentro de contextos de demagogia y populismos, sean estos de cualquier lado del espectro político.

Notas

[1] Holkemeyer, P. (2003). Poder y vulnerabilidad: La política comercial de los Estados Unidos y los países en desarrollo. Pág. 20.

[2] Principio de la Organización Mundial del Comercio (OMC) según el cual los países miembros no pueden establecer discriminaciones entre sus diversos socios comerciales, por tanto, si se concede una determinada ventaja en materia de comercio a un país (como la reducción de un tipo arancelario) se debe garantizar el mismo trato para todos los miembros.

[3] Término acuñado por Paul Krugman para hacer referencia a una política comercial caracterizada por un fuerte apoyo estatal a las empresas que se considera producen mayor valor agregado para la creación de ventajas competitivas. Véase Krugman, P. (1992). Estrategic Trade Policy and the new international economics. The MIT Press, Cambrigge y/o Krugman, P. (1995). Vendiendo prosperidad. Sensatez e insensatez económica en una era de expectativas limitadas. Barcelona, Editorial Ariel.

[4] Liptak, K. (25-enero-2017). Trump quiere pagar el muro con un impuesto de 20% a las importaciones de México. CNN Noticias. Disponible en: http://cnnespanol.cnn.com/2017/01/26/trump-quiere-un-impuesto-de-20-a-las-importaciones-de-mexico-para-pagar-el-muro/

[5] Juez, B. (24-enero-2017). ¿A quién beneficia la salida de Estados Unidos del TPP? El Mundo. Disponible en: http://www.elmundo.es/economia/2017/01/24/58868302e5fdeaa01d8b45c7.html

[6] Para este autor, luego del triunfo de EUA en la guerra fría la historia de las pugnas ideológicas había llegado a su fin, esto debido al triunfo del capitalismo como modelo de producción y del liberalismo como paradigma. Véase: Fukuyama, F. (1992). El fin de la historia y el último hombre.

[7] Fukuyama, F. (10-noviembre-2016). US against the world? Trump’s America and the new global order. Financial Times. Disponible en: https://www.ft.com/content/6a43cf54-a75d-11e6-8b69-02899e8bd9d1

[8] Sberro, S.J. (Setiembre-2015). La negociación del TTIP: del interregionalismo a la gobernanza global. Revista CIDOB d’Afers Internacionals. N° 110, p. 67-86.

[9] Aleman, V. (8-febrero-2017). China ofrece apoyo a México; respuesta a amenazas de Trump. Excelsior. Disponible en: http://www.excelsior.com.mx/nacional/2016/12/04/1132001

[10] Holkemeyer, P (2016). China y el nuevo juego político de occidente. Editorial UCR. Pág. 82.

[11] Rovirosa, D. (29-enero-2017). La UE busca nuevos socios en Asia y América Latina para sortear el proteccionismo de Trump. El Diario.es. Disponible en: http://www.eldiario.es/economia/UE-Trump-Asia-America-Latina_0_606489591.html

[12] Término acuñado por Jacob Viner para describir una situación en la que los flujos de importaciones y exportaciones que existían antes de un acuerdo comercial entre cada uno de los países firmantes con terceros países serán sustituidos por flujos de importaciones y exportaciones de y hacia los miembros de dicho acuerdo, ello provoca que las naciones que quedan fuera de los acuerdos perciban menores flujos de importaciones y exportaciones, pues estos se desvían de las rutas de comercio internacional existentes. Véase: Viner, J. (1950). The customs unions issue.