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Análisis semanal 70: Sudán del Sur a la deriva (18 de julio de 2016)

Año: 
2016

 

En su ya clásica obra Teoría de la Política Internacional, Kenneth N. Waltz señalaba a los Estados como los actores con una permanencia más sólida en el sistema internacional. “El porcentaje de muerte de los Estados –decía Waltz– es notablemente bajo”. En efecto, con escazas excepciones como la Unión Soviética,Checoslovaquia o la Federación Yugoslava, son pocos los Estados que han desaparecido en los últimos treinta años. Por otro lado, después de las oleadas de descolonización de los años sesenta y setenta, también es poco frecuente el nacimiento de nuevos Estados. En los últimos veinte años solo cuatro Estados: Timor del Este, Kosovo, Montenegro y Sudán del Sur nacieron a la vida independiente.

Si la constitución de un nuevo Estado es un fenómeno atípico en las relaciones internaciones, es aún más atípico que un nuevo Estado acceda a la independencia con problemas estructurales tan grandes que lo conviertan en un corto periodo de tiempo en un “Estado fallido”, es decir, un cuerpo político que se ha desintegrado hasta un punto donde las condiciones y responsabilidades básicas delgobierno soberano ya no funcionan correctamente. Este es el caso de Sudán del Sur, surgido en 2011 como una escisión de la República de Sudán y que tras cinco años de vida independiente se debate entre una sangrienta guerra civil y una dramática crisis humanitaria. Según el Fragile States Index elaborado por The Fund for Peace, entre una lista de 178 países, Sudán del Sur ocupa el segundo lugar –apenas superado por Somalia– entre los Estado más frágiles e “inviables”del mundo (1).

La crítica situación del país responde principalmente a la guerra civil iniciada en 2013 entre el gobierno del Sudan People's Liberation Movement (SPLM), encabezado por el presidente Salva Kiir Mayardit y los rebeldes del Sudan People's Liberation Movement-in-Opposition (SPLM-IO), encabezados por Riek Machar, quien fue vicepresidente del país entre 2005 y 2011. El conflicto entre ambos estalló cuando Kiir, de la etnia dinka, denunció un supuesto intento de golpe de Estado encabezado por Machar, perteneciente a la etnia de los nuer. Así, el Estado más joven del mundo se vio envuelto en una dinámica de conflicto que ha llegado a amenazar seriamente su existencia.

Las dimensiones de la crisis

La Guerra Civil en Sudán del Sur, que ya ha provocado la muerte de miles de personas, ha estado marcada por continuas violaciones al derecho internacional humanitario y a los derechos humanos.

Con una población de poco más de 11 millones de habitantes, más de 2,3 millones se han visto obligados a huir de sus hogares debido a la violencia. Además, se estima que al menos 1,61 millones han sido desplazados dentro del país, y otro 720.000 han buscado refugio en países vecinos, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asunto Humanitarios (2).

En agosto de 2015 el gobierno y los rebeldes del SPLM-IO alcanzaronun acuerdo parcial de paz en Addis Abeba, en el que ambas partes aceptaban respetar un cese al fuego y permitir que la ayuda humanitaria llegara a las zonas más necesitadas. Incluso se acordó la constitución de un gobierno de unidad nacional que posibilitó -entre otras cosas- que Riek Machar retornara al cargo de vice-presidente. Sin embargo,los enfrentamientos entre ambos bandos se reanudaron el pasado 7 de julio, provocando la muerte deal menos 300 personas, entre tropas, milicias y civiles.

El recrudecimiento del conflicto armado atiza otras dimensiones de la crisis. El país enfrenta niveles sin precedentes de inseguridad alimentaria ya que 2,8 millones de personas -casi el 25% de la población- experimentan una necesidad urgente de alimentos, y por lo menos 40.000 enfrentan una situación de riesgo extremo (3). Adicionalmente, persisten problemas severos de desnutrición infantil y acceso a agua potable.

Por otro lado, la crisis económica supone también una pesada carga para los sursudaneses. El país posee grandes yacimientos de hierro, cobre, cromo, zinc, volframio, mica, oro, plata y diamantes. Sin embargo el recurso más importante es el petróleo que, antes del conflicto suponía el 98% de los ingresos del país. Este hidrocarburo, cuyos yacimiento se ubican principalmente en Bentiu (Provincia de Unity), generó desde hace varios años el interés de empresas petroleras foráneas como la China National Petroleum Corporation (CNPC), que construyó un oleoducto que llega hasta el Mar Rojo y una refinería cerca de Jartum, capital de Sudán del Norte y que llegó a contar con 25.000 empleados, así como otras empresas como la empresa india Oil and Natural Gas Corporation (ONGC) y la francesa Total-Elf-Fina.

Sin embargo, los bajos precios del petróleo en los últimos años  y la paralización de la producción debido a la guerra, han tenido un impacto devastador en el país. Como consecuencia, la economía está en picada y la inflación llega a un 300%, comprometiendo la subsistencia de millones de personas.

Aunque las raíces del conflicto se remiten a discrepancias políticas como la implementación del federalismo, la reforma al sector de la seguridad o la nueva constitución del país, subyacen también rivalidades étnicas. Muchos sursudanesesde las tres provincias ecuatoriales (ver mapa) estiman que el gobierno y el SPLM sirven únicamente a los intereses de los dinka, que son pastores, funcionarios de gobierno, empresarios y soldados. Por su parte, los dinka consideran que llevaron sobre sus hombros la carga más pesada de la lucha por la independencia, incluyendo el hambre y la depredación producida por las incursiones enemigas en sus comunidades, mientras que otras áreas del país como las provincias ecuatoriales se libraron en dichos males (4).

Más allá de estos factores internos, no se pueden descartar factores o intereses geopolíticos que estarían atizando el conflicto y que para analistas políticos como Vladímir Yevséev, implicarían la voluntad de ciertas fuerzas interesadas en reducir la influencia de China en África (5).

Nacer débil

La condición de Sudán del Sur como estado fallido no se generó de la noche a la mañana, fue más bien un proceso lento que se empezó a fraguar poco después de la independencia.

Ya en 2013 analistas como Lual Deng, director del Ebony Center For Strategic Studies, con sede en Yuba, pedían a la comunidad internacional aumentar la “presión” sobre el gobierno de Sudán del Sur para que atendieralas debilidades que mostraba el país en materia de gobernanza.

Otros académicos e intelectuales alertaron tempranamente sobre la creciente corrupción, la mala gestión gubernamental, la concentración del poder en un círculo reducido de personas y la falta de unidad nacional, aspectos que conspiraban contra la estabilidad del país africano.

¿Qué hacer?

Terminar el conflicto armado es un paso imprescindible para construir un proceso sólido de fortalecimiento de la unidad nacional y de las instituciones estatales. En ese sentido, algunos expertos como Elizabeth Deng, investigadora de Amnistía Internacional sobre Sudán del Sur, consideran que la posibilidad de alcanzar una paz duradera pasa por la imposición inmediata de un embargo general de armas para garantizar que todos los países dejan de suministrar equipo bélico a Sudán del Sur (6), una posibilidad que por el momento, ha sido descartada por el Consejo de Seguridad de la ONU, organización que mantiene en el país un contingente de 13.500 cascos azules bajo el mando de la United Nations Mission in South Sudan (UNMISS). Deng sugiere también imponer sanciones específicas a funcionarios civiles y militares sospechosos de crímenes de derecho internacional o violaciones de los derechos humanos.

Junto a estas medidas se hace también necesario crear mecanismos que promuevanla confianza entre las provincias y sus autoridades, propiciar un apego genuino al acuerdo al cese al fuego de 2015 y fortalecer el papel de la UNMISS en el país. Un involucramiento proactivo del Consejo de Seguridad y de la Unión Africana es igualmente deseable con el fin de evitar una tragedia humanitaria aun mayor.

Construir un Estado sobre la base de instituciones políticas, débiles o inexistentes, altos niveles de corrupción y patrimonialismo, una base económica vulnerable y antagonismos étnicos, es una tarea que han tenido que enfrentar muchos países africanos desde la independencia.Sudán del Sur, la nación más joven de África y del mundo ha iniciado este camino con –hasta el momento– pocas probabilidades de éxito.

Notas

(1) The Fund for Peace, http://fsi.fundforpeace.org

(2) http://www.unocha.org/south-sudan

(3) South Sudan: Food Insecurity - 2015-2016. Reliefwebhttp://reliefweb.int/disaster/ce-2015-000183-ssd

(4) South Sudan’s South: Conflict in the Equatorias. International Crisis Group. http://www.crisisgroup.org/en/regions/africa/horn-of-africa/south-sudan/236-south-sudan-s-south-conflict-in-the-equatorias.aspx

(5) Sudán del Sur: ¿una pieza de ajedrez en la partida entre China y Occidente?  Sputnik, http://mundo.sputniknews.com/mundo/20160713/1061876930/sudan-sur-conflicto-china-occidente.html

(6) Sudán del Sur: Los enfrentamientos reanudados ponen en peligro a la población civil y subrayan la necesidad de un embargo de armas. Amnistía Internacional, https://www.amnesty.org/es/latest/news/2016/07/south-sudan-renewed-clashes-put-civilians-at-risk-underline-need-for-arms-embargo/

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