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Coyuntura global (septiembre-octubre 2009)

El Tratado de Lisboa por fin sale a flote

En el período bajo observación se ha llegado finalmente al final de la tortuosa senda por la que ha transcurrido el proceso de ratificación del Tratado de Lisboa, que sienta las bases de la nueva  institucionalidad de la Unión Europea. Este tratado, firmado por los representantes de los 27 países miembros el 13 de diciembre de 2007, fue el producto del “período de reflexión” abierto a raíz del fracaso del proyecto de “Constitución Europea”  de 2004,  que se vino abajo cuando sendos referéndum en Francia y Países Bajos lo rechazaron.  En el nuevo documento, presentado ahora más modestamente como un “Tratado de Reformas”, se adopta un perfil sustancialmente menos grandioso (sin bandera e himno común) para enmarcar la nueva etapa del proceso por el que paulatinamente se está creando un complejo transnacional que cada vez, pese a las complicaciones inherentes a ello, se ha venido ampliando progresivamente.

Esta nueva iniciativa hubo de enfrentar su primer contratiempo cuando en junio de 2008 al ser rechazada por un referéndum en Irlanda (con un 53,2 por un “no”).  Se precisarían muchos esfuerzos para que 16 meses después, precisamente el 2 de octubre recién pasado, un nuevo referéndum irlandés revertiera aquella decisión. Muy pronto, el 10 del mismo mes, Polonia ratificaba el Tratado, pero todavía hubo que esperar unos días y muchos esfuerzos diplomáticos para que la República Checa, el único país que faltaba por ratificar, lo  hiciese.

En el caso de Irlanda, ese notable cambio en la opinión pública (ahora un 67% por la afirmativa) probablemente  ha tenido mucho que ver con la profunda crisis económica por la que atraviesa dicho país, que se ha agudizado en esta coyuntura, así como en la sólida campaña a favor del “sí” que emprendieron la casi totalidad de las fuerzas políticas de ese país. El caso checo ha sido más complicado, puesto que se han manifestado  objeciones de todo tipo al interior de diversas instituciones, siendo el Ejecutivo por medio del presidente Vaclav Klaus el que finalmente recibiera las seguridades que buscaba (en la forma de un estatus de exclusión de ciertas obligaciones dee las que los checos quedarán excluidos) para firmar el Tratado.

A partir del mes de Diciembre, entonces, la UE contará con un nuevo marco que de hecho incorpora muchas de las propuestas que se han venido impulsando desde el principio de la década, teniendo como objetivo declarado “aumentar la democracia en la UE –como respuesta a las elevadas expectativas de los ciudadanos europeos en materia de responsabilidad, apertura, transparencia y participación–, e incrementar la eficacia de la actuación de la UE y su capacidad para enfrentarse a los actuales desafíos globales, como el cambio climático, la seguridad y el desarrollo sostenible”. Con justificado optimismo, se ha celebrado los días 29 y 30 de octubre la cumbre de la UE en Bruselas, y en plazo cercano se habrán tomado decisiones sobre quienes constituirán la nueva Comisión ocuparan tanto el nuevo cargo de Presidente del Consejo (posición buscada, hoy sin tantas probabilidades como pareciera hace poco tiempo, por el ex primer ministro británico Tony Blair) y la posiblemente tan o más importante de jefe de la diplomacia europea.

Pese a estos avances, la UE está lejos de haber logrado un claro frente común en torno a asuntos clave como el cambio climático, el Medio Oriente y la reestructuración del sistema económico mundial. Respecto a la primero, ya se anuncia que su posición frente a la cumbre de Copenhague en diciembre no conducirá a una alternativa inmediata a Kyoto. Por otra parte, las encuestas en diversos países revelan que crece el bando de los “euroescépticos”, y de no producirse resultados más visibles, las actuales élites políticas que han sostenido el presente proyecto podrían ser sustituidas por claros opositores al proyecto comunitario, en países clave como Gran Bretaña y la misma Francia. 

Territorios peligrosos: Irak, Irán, Afganistán y Paquistán

Pese a los ingentes esfuerzos de la administración Obama y sus aliados en la UE, estos cuatro países siguen sumidos en profundos conflictos a los que no se les ve salida. El período que se cubrimos, y en particular durante los últimos días de octubre, ha presenciado la explosión de múltiples bombas en Irak, Afganistán y Paquistán, con gran cantidad de muertos y heridos, así como serios daños materiales. En el caso de los dos primeros, en un contexto de profunda crisis política ya que ambos gobiernos tene una base de apoyo muy precaria y enfrentan un inesperado crecimiento del accionar del Talibán. En Afganistán se ha presenciado el espectáculo de la anulación de gran parte de los votos emitidos en las elecciones de Agosto ante la fuerte presión internacional (particularmente de la UE) debido a las evidencias de fraude detectadas por distintos medios. El presidente Hamid Karzai, ya de por sí enfrentando a la insurgencia talibán con la que ha intentado infructuosamente dialogar durante el mes de octubre, se ha visto obligado a aceptar una segunda vuelta para el7 de noviembre. Sin embrago, su principal opositor Abdullah Abdullah, con quien debía enfrentarse, manifestó que se retiraría de la contienda, con lo que Karzai quedará automáticamente asegurado de una reelección pese a la creciente desconfianza que su gobierno despierta entre sus aliados, particularmente en la administración Obama, enfrascada en un debate nacional sobre el aumento de la presencia militar norteamericana en ese país.

La diplomacia occidental, y particularmente la norteamericana, ha enfrentado en este período serias dificultades para llegar a un entendimiento con el gobierno Iraní respecto al programa nuclear de dicho país, que ya tiene lista a su primera planta de energía nuclear  Bushehr I (construía por los rusos) lista para entrar en funcionamiento.  Pese a la decisión de la administración Obama de entrar en negociaciones directas con el gobierno iraní, lo que constituye un importante cambio de política que ha suscitado controversias en Estados Unidos, con un Congreso cada vez más inclinado a incrementar las sanciones contra Irán, en este período no se ha llegado a ningún acuerdo sobre el procedimiento para procesar el material radiactivo que este último requiere. Si esta situación se prolonga, es poco probable que se puedan evitar las sanciones, a las que muchos analistas les restan eficacia real. Flota sobre este escenario la  interrogante sobre una posible acción militar de Israel contra las instalaciones iraníes, hecho de consecuencias impredecibles para la estabilidad no solo de esa región sino tal vez del resto del planeta.

Adentrándose en el laberinto hondureño.

La sorpresiva llegada del depuesto presidente Manuel Zelaya a Honduras el 21 de setiembre vino a crear una nueva dimensión en el ya complejo escenario político de esa nación. Pese a los infructuosos esfuerzos del gobierno de facto para aislar a Zelaya en su refugio de la embajada de Brasil, este logró convertir ésta en una efectiva base de operaciones para forzar un aceleramiento del proceso de negociaciones, siempre sobre la  base del Plan Arias de julio, particularmente en lo relativo a su restitución en la presidencia. El efecto más inmediato fue un serio traspiés en la estrategia del grupo usurpador, consistente en ganar tiempo a fin de que las elecciones del 29 de noviembre, posiblemente con algún tipo de respaldo internacional, cambiaran los términos de referencia con nuevos y supuestamente legítimos actores capaces de satisfacer las demandas externas e ir  introduciendo un cierto control de la oposición interna. A partir de la llegada de Zelaya se ha incrementado la presión de importantes actores externos, notablemente de los EEUU, para llegar a una efectiva negociación. El 7 de octubre arribó a Tegucigalpa una delegación de la OEA dándose por iniciado el llamado “diálogo Guaymuras” entre representantes de los dos bandos en disputa.

Se llegó así a la suscripción del “Acuerdo Tegucigalpa/San José” el 30 de octubre,  documento que entre otras importantes disposiciones indica : “ que el Congreso Nacional, como una expresión institucional de la soberanía popular, en uso de sus facultades, en consulta con las instancias que considere pertinentes como la Corte Suprema de Justicia y conforme a ley, resuelva en lo procedente en respecto a “retrotraer la titularidad del Poder Ejecutivo a su estado previo al 28 de junio hasta la conclusión del actual periodo gubernamental, el 27 de enero de 2010”.  Esta disposición ha sorprendido a muchos, ya que es precisamente el Congreso el que destituyó a Zelaya, y para que lo reponga tendrá que encontrar una fórmula que es difícil adivinar. El mismo acuerdo define la creación de una “Comisión de Verificación” que debe interpretar el acuerdo en caso de dudas, asunto que para el futuro inmediato será el  foco de atención una vez evacuadas las  consultas que el Congreso hará “a las instancias que considere pertinentes”, loque al no contar con un plazo, nos coloca en una situación de ambigüedad igual o peor a la que existía antes del  acuerdo, con un proceso electoral que aunque bastante deslegitimado continua en marcha. Distintos comentaristas coinciden en señalar fallas evidentes del “Acuerdo”, y la posibilidad de que existieran entendimientos que no se  formalizaron, por lo que de no existir un nuevo acuerdo más explícito, es posible que lo avanzado quede en letra muerta.