Coyuntura global

 

Junto con matrioskas, miniaturas de sus grandes monumentos e imágenes de Putin en los más diversos recuerdos de viaje, Rusia ha vuelto a ocupar su lugar en el intrincado mundo contemporáneo, basado en la conducción de hierro de un hábil ex agente de la KGB, convertido en uno de los políticos más brillantes de la actualidad, la geografía de un país inmenso, dotado de recursos naturales, y la identidad y voluntad de imperio que puede percibirse en sus círculos políticos e intelectuales.

Mientras muchos de los medios de comunicación, analistas e incluso académicos siguen con bastante estupefacción las políticas que Donald Trump ha empezado a implementar, así como las que ha cortado de raíz y descontinuado, en otras partes del mundo también suceden hechos que deben preocupar a la comunidad internacional. Donald Trump no es un producto de la casualidad, y tampoco es un caso aislado, ni particular ni único.

El año entrante se cumplen treinta años de la firma de los Acuerdos de Esquipulas II, y parece un buen momento para recordar su relación con la seguridad democrática en la región. La discusión en torno a la relación Esquipulas y la seguridad democrática se pueda articular alrededor de tres etapas que comprenden 10 años cada una: 1986-1996; 1997-2007 y 2007-2017.

Dice Philip A. Reynolds (1977) que la política exterior consiste en las decisiones y acciones de quienes gobiernan con el objetivo de lograr o alcanzar determinados resultados a largo o corto plazo. Indica, además, este autor, que tales decisiones están influidas o condicionadas por circunstancias que pueden ser de carácter interno o externo.

Constituir a Centroamérica en una región de paz, libertad, democracia y desarrollo: ese fue el objetivo que se planteo a sí mismo el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), plasmado así en el Protocolo de Tegucigalpa, su norma fundamental. A la fecha, el proceso de integración regional de más larga data enfrenta grandes desafíos para probarse a la altura de ese ambicioso objetivo, planteado en un contexto regional que a veces no parece ser tan lejano.

La temporada de lluvias para la región se inauguró con un pronóstico del Centro Nacional de Huracanes nada halagüeño. Se prevé un año, para los países de Centroamérica, con un número similar al del año pasado en materia de tormentas tropicales, huracanes y lluvias intensas. Ello ya ha sido evidente con mayor fuerza en las zonas costeras. En la costa caribeña de Guatemala, el pacífico de El Salvador, el centro de Panamá y las comunidades Kuna Yala del litoral caribeño de  Panamá, las poblaciones ha sufrido de inundaciones y en otros casos del cierre de sus principales accesos.

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